- LAS PROCESIONARIAS LLEGAN A CÓRDOBA EN PRIMAVERA: RIESGOS PARA PERSONAS Y MASCOTAS Y COMO ACTÚAR - EL DIA DE CÓRDOBA
Llega la primavera, el buen tiempo, suben las temperaturas y con ello aparece en parques, jardines y zonas de campo una invitada peligrosa: la oruga procesionaria. Sus primeras manifestaciones coinciden con la Semana Santa y el contacto con la piel de personas o mascotas puede ser muy peligroso, según destaca la profesora de la Universidad de Córdoba (UCO) y miembro del grupo de investigación de Entomología Agrícola, Inmaculada Garrido.
Estas orugas se encuentran en zonas de pinares de la provincia de Córdoba, ya sean naturales o de repoblación y también ornamentales. En Córdoba capital están "en los parques, jardines y en colegios y es bastante común", indica.
Durante parte del invierno se pueden observar los bolsones en los que se resguardan estas orugas colgando de las ramas de los pinos. En esta época, entrada la primavera, descienden por el tronco de los árboles hasta llegar al suelo y es "cuando van creando lo que llamamos las procesiones, cuando van unidas una detrás de otra", señala Garrido.
Consecuencias al contacto con la piel
El principal problema que hay si la piel entra en contacto con una de estas orugas es que se produce una reacción cutánea porque sus pelos son urticantes, lo que provoca picor, dermatitis y enrojecimiento. Si la persona es alérgica, la reacción puede ser "mucho más grave", con inflamación y dificultad respiratoria.
Para los perros también es "un problema", ya que suelen ser "bastante curiosos" y, si la olfatean o entran en contacto con la lengua, los pelos urticantes les suelen causar daños. De hecho, "se le puede inflamar e incluso necrosar el tejido de la boca y, si e contacto ha sido muy importante, la mascota incluso puede llegar a fallecer".
Los niños y las personas mayores son otros de los grupos más sensibles y expuestos a la procesionaria al estar más en los parques y jardines. "Hay que intentar no entrar en contacto con ella, no tocarla", insiste la entomóloga de la UCO.
En caso de tocarla, hay que evitar rascarse la zona y lavar con abundante agua fría para eliminar todos los pelos que hayan podido quedar en la piel. Esta experta no recomienda echarse ningún medicamento vía tópica y, en caso de que no bajara la rojez o continúe el picazón, acudir al médico. Si la afectada es una mascota, habría que llevarla al veterinario.
El calor aumenta la población de orugas
Las poblaciones en las zonas forestales "suelen ser más o menos constantes", ya que tienen ciclos en los que "durante seis o siete años va creciendo y después se autorregula", explica Garrido. En zonas donde no hay muchos depredadores sí puede aumentar la población.
Donde sí se ha notado un incremento en los últimos años es en las zonas urbanas porque "el calentamiento que estamos teniendo en las ciudades, con tanto asfalto y con el tráfico, hace que favorezca" el aumento de esta especie.
La estrategia para evitar que haya más población se centra principalmente en el control biológico con una bacteria entomopatógena que se llama Bacillus thuringiensis. La entomóloga de la UCO añade que también se utilizan "trampas, esteromonas, se pueden eliminar los bolsones por profesionales" y hay "algún insecticida que se puede añadir".
En el caso de parques y jardines, por ejemplo, el uso de la endoterapia es un método "bastante eficaz". Esta consiste en la inyección del insecticida en el tronco del pino. Garrido señala que "se hace un agujerito en el tronco con un taladro, se incorpora el producto y, de manera natural, el tronco, con la evapotranspiración, va absorbiendo el interior de la bolsa que se ha puesto en el inyector.
"Es una manera de que no haya que pulverizar los árboles, sobre todo en parques y jardines o zonas urbanas donde tenemos mascotas y niños, para que no entren en contacto con este tipo de productos", puntualiza. En Córdoba se hace la endoterapia, por lo que es difícil encontrarlas en los parques y jardines de la ciudad.
El insecticida entra en el árbol a través del tronco y asciende hasta la parte alta, donde están también las acículas u hojas en forma de aguja del pino, de las que se alimenta la procesionaria. Al alimentarse de ellas, ya está adquiriendo el insecticida.
El ciclo de vida de la procesionaria
Las procesionarias nacen en las acículas del pino, que es donde la hembra pone el huevo. Cuando las larvas salen del huevo, se van alimentando de esa acícula. Entre octubre y noviembre empiezan a meterse dentro de los bolsones para refugiarse en ellos y resguardarse del frío. Cuando llega el buen tiempo, salen, bajan hasta el suelo y forman las procesiones.
Estas filas de orugas entran dentro de la tierra para pupar y "ya en forma de pupa pasan todo el verano, que es toda la época calurosa". La pupa es la etapa de inactividad y transformación radical en insectos con metamorfosis completa, situada entre larva y adulto.
Al final del verano y principios de otoño, los adultos salen de la tierra, empiezan a poner los huevos en las ramas de los pinos y comienza de nuevo su ciclo vital.
Cuando hay muchas procesionarias "tenemos problemas" porque se convierten en una plaga, pero si la población está controlada pueden servir de alimento de depredadores, en este caso, de aves insectívoras.


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