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Las dos torres, aún con las hélices sin instalar, entre las playas de Calblanque y Las Cañas. :: ANTONIO GIL / AGM
Dos molinetas elevarán el agua del mar hasta las salinas de Calblanque para evitar que se sequen
Las mejoras en el Rasall y Marchamalo estabilizan el ecosistema acuático y abren la puerta a la explotación de la industria salinera tradicional
Imaginación, tecnología sencilla y la fuerza del viento. Con estos tres elementos se solucionará el problema de falta de agua que amenaza desde hace años el ecosistema de las salinas del Rasall, en Calblanque (Cartagena), una explotación salinera tradicional de apenas 18 hectáreas reconvertida en hogar del raro fartet y de numerosas especies de aves acuáticas.
La solución elegida para inyectar agua a las charcas es la instalación de dos molinos de viento que elevarán el agua desde un punto situado entre las playas de Calblanque y de Las Cañas, justo en el límite de la reserva geomorfológica. Y en el mismo lugar donde una mula movía una noria de sangre para extraer el agua del mar mediante un sistema típico de cangilones a principios del siglo pasado.
Se trata de un sistema ‘limpio’ que sustituye al tradicional bombeo mediante compresor, que hasta ahora ha sido necesario poner en práctica una o dos veces al mes para evitar la desecación de las salinas. El director-conservador del Parque Regional de Calblanque, Monte de las Cenizas y Peña del Águila,Alfredo González Rincón, confía en que esta fórmula «garantice el riego de las charcas», aunque en verano será necesario un bombeo extraordinario, de nuevo mediante un compresor eléctrico, debido a la mayor evaporación. «En cualquier caso, se mantendrá una vigilancia constante para evitar que las salinas lleguen a un punto crítico y peligre la supervivencia del fartet, que es el elemento que mueve todo el sistema ecológico», señala Alfredo González.
El fartet: ese pececillo diminuto que solo vive en unos pocos humedales de la península ibérica y que sirve de alimento a aves acuáticas como el flamenco, la cigüeñuela, la avoceta, el charrán y el charrancito, entre otras especies. La capacidad de bombeo dependerá de la fuerza del viento, aunque se espera que las aerobombas consoliden por fin un sistema de bombeo «estable, autónomo y con energía limpia que hará posible el mantenimiento de los procesos biológicos asociados a este humedal», informan fuentes de la Dirección General de Medio Ambiente. Los técnicos terminarán la instalación de esta infraestructura de energía eólica a finales de la semana que viene o comienzos de la siguiente, cuando se coloquen las hélices y se ponga en marcha el sistema en periodo de pruebas. Se trata de un sistema mecánico que entraña una cierta complejidad, pues ha sido necesario combinar dos tipos de extractor: una primera bomba de tornillo aspira el agua del mar, que sube con arena, algas y otros elementos; el caudal llega decantado por gravedad a una pequeña balsa, donde una segunda bomba –una máquina clásica de pistón– lo eleva hasta las charcas salineras. Nuevos canales y compuertas La instalación de estos molinos de viento es la culminación de un ambicioso proyecto de restauración de humedales que también ha supuesto mejoras para las salinas de Marchamalo (en La Manga), que cuentan con una lámina de agua de unas 100 hectáreas y donde se han reparado los canales de distribución de agua y se han repuesto las compuertas. Además, se han renovado las instalaciones de la caseta de bombeo y de recirculación del agua. En las charcas de Calblanque, además de las molinetas, se han llevado a cabo actuaciones menos visibles pero muy importantes para el mantenimiento del humedal, como la impermeabilización de la primera balsa del circuito salinero, la adecuación de canales y estructuras de trasiego y el recrecimiento de las motas. Los trabajos, que se iniciaron en el año 2010 y han costado 872.279 euros, han sido financiados por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, y dirigidos por el Área de Conservación del Litoral de la Comunidad Autónoma. El proyecto prevé un servicio de seguimiento de los procesos biológicos para llevar a cabo un mantenimiento y reposiciones a lo largo de tres años; la extracción de la cosecha anual de sal; la formación de técnicos especialistas en salinas; y la aplicación de una gestión especializada en explotaciones salineras para garantizar la puesta en marcha de la industria tradicional en un futuro.
(Publicado en 'La Verdad' el 26 de enero de 2014)
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